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“Desde mi discoteca”

 

ARECIBO EN EL RECUERDO

DE LA BOHEMIA DE CASA DE JOE

  vuelta

Por José J. Beauchamp

 

            En aquel e-mail hablé, casi entre el secreto juguetón de la forma, acerca de un programa de radio, en que su productor y conductor habló acerca de la “bohemia en casa de Joe, en el Arecibo de tiempos de atrás.  Bohemia que no conocía hasta que no escuché el programa.

 

Lo de la bohemia en casa de Joe debe ser algo con muchos vínculos con tu vida, Reynaldo.  Por lo menos me puse a imaginar cómo era, pues Vega Baja, donde pasé mi adolescencia y juventud, en dos “tandas” (1938-1947 y 1953-1958) no era pueblo de bohemias, sino igual que Manatí (el pueblo de Omar), de veladas.  Arecibo sí, aunque en el Oliver también celebraban veladas, algunas con fama.  Quizás, por eso, las bohemias pudieron extenderse más alla de esas fechas.  Esa fue la razón por la que te escribí esa nota en esa forma enigmática y juguetona.  Los comentarios son de un programa de música vieja que hace un arecibeño en el 940 AM (WIPR-AM), la estación en que trabajé a fines de los cincuentas y principios de los sesentas), parece que todos los domingos.  Lo escuché por casualidad, huyendo de las barbaridades que decía la gente para reclamar servicios no disponibles del todo en ese momento, en un pequeño radio de batería, pues no teníamos electricidad el domingo pasado.  Es a las 7:00. PM.  ¿O me equivoco de hora?  ¿A las seis?  No sé si siempre trata de Arecibo y música de aquellos tiempos, aunque creo que en parte sí; es música de “atrás”.  Puso un casete doméstico de las hermanas Pellot  (¿?, escribo de memoria), a las que había oído hace largo tiempo.  Hay una que canta más bonito que la otra.  Habló de Teddy Trinidad (el “Rey del Bolero de Arecibo”) y puso su interpretación de “Las siete de la mañana”, de R. Hernández.  Que yo recuerde, nunca había oído esa linda voz.  A lo mejor, sí. Es que yo no soy oyente asiduo de música “vieja”.  También puso una de Los Antares, con la primera voz arecibeña que ya tú conoces, Raúl.  Contó cosas de aquellos tiempos, realmente comentarios nostálgicos, que quise escuchar aunque no soy de Arecibo ni adicto a la recuperación nostálgica de los “viejos tiempos”, pues mi tiempo es siempre el presente.  No obstante, no está de más escuchar eso alguna u otra vez, sobre todo de cosas que uno no conoce, aunque de algún modo se ligan a la vida de uno.

 

De Arecibo recuerdo cuando estudiaba clases de extramuros (primer lustro de la década de 1950) y, más tarde (comienzos de la década de 1960), las enseñaba.  También el tiempo (1990-1992) en que me trataba allí con el Dr. Figueroa Rovira y con el Dr. Melvin Ruiz (el quiropráctico, en la envidiable loma después del pueblo, a la izquierda y frente al mar), que también tiene oficina aquí (área de Cupey), más arribita de casa.  Claro, recuerdo mucho el Paseo, pues fueron muchas las veces que me senté por allí a contemplar aquel mar abierto y, a veces, amenazante, con su música juntando al mundo entero.  Añoro volver a sentarme allí y recorrer un poco, sólo el principio, de la vía hacia Lares y doblar en algún punto.  A la Plaza de Mercado fui como tres veces (recuerdo borroso).  Y en la cafetería Viñas siempre paraba, cuando pasaba por allí en tiempos muy atrás.  En el restaurant (más bien, fonda) a la izquierda, que estaba en la entrada por la vieja carretera, cerquita del viejo puente, almorzaba los sábados, junto a otros compañeros ( Manuel Siaca Rivera, Ramón Meléndez, y, a veces, ese ser extraordinario y excelente profesora que fue Doña (Dra.) Carmen González Porter, profesora de “El periódico en la escuela”, un curso “fuera de liga”, para maestros de escuela elemental en la entonces llamada Facultad de Pedagogía) allá, a principios de los sesentas.  De ese grupo sólo quedamos dos que podemos escuchar programas de música como éste:  Moncho Meléndez y yo, que también quedo vivo porque de otro modo no podría contarte estas cosas.  Por lo menos, eso creo, que estoy vivo.

 

A una urbanización que está cerca de la carretera que conduce a Lares, iba a llevar a una joven maestra, discípula mía en extramuros y algo así como un amor perdido.  Buena muchacha, más joven que yo. Era un buen ser humano.  Tengo el recuerdo vivo de su figura, de su cara, en mi memoria; de su risa espontánea, sincera, suelta, contagiante; del recuerdo mismo, que duele porque el tiempo nunca se detiene.  El tiempo es movimiento en el espacio, también espacio en movimiento, para hacer el junte del significado de ambos.  No he sabido más de ella.  Tenía una nena chiquitita que me quería mucho.  A veces los tres nos íbamos a pasar la noche del sábado en el Ojo de Agua de Aguadilla.  A sentarnos junto a la salida del agua y conversar.  Escribía unas cartas hermosas.  Todo tiene algo de novela de amor que no necesita ni reclama escritura.  Simplemente, me duele, porque hay cosas que después que se viven y cuando pasan se inscriben en el dolor.  Hay cosas que uno no debe recordar.  Así es que Arecibo está también en mis recuerdos, pero hacía largo tiempo (desde 1990) que no recordaba esa historia.  Ahora la he recuperado, pues el domingo no entró en mis recuerdos.  Menos mal.  Hay que acallar al tiempo y a la muerte para que no duelan tanto.

 

Te escribí enigmáticamente el e-mail para darte una broma, pero también por si quieres escuchar ese programa.  Domingo, a las 7:00 PM, en la hora de la tristeza, asociada al mito de la muerte del sol.  A algunas personas la recuperación nostálgica las entristece y, por lo tanto, las debilita.  A otros, creo que la minoría, los fortalece.  Y, a otros, como a mí, puede que le haga uno u otro efecto, pero por lo general es sólo un tema en la vida de uno, aunque el “cuento” de la muchacha no es un tema, sino un “vengo con tres heridas” y no son meramente garcilorquianas.  ¡El tiempo!  ¡Y la muerte (posible) desconocida!  ¡Hay que acallar su dolor, porque la recuperación nostálgica no es un bálsamo!

 

Si quieres escuchar el programa, se llama “Desde mi discoteca”.  En el e-mail estaba el título, pero no lo quise identificar como título para no descubrir el enigma, una palabra muy pesada para esa pequeña broma.  Se me olvidó el nombre de la persona que lo produce y transmite, pero es de la vieja guardia de Arecibo.  Lo siento.  Es posible que lo conozcas, tú que eres mitad Adjuntas y mitad Arecibo, la ciudad que fue de las dunas (de arena, se sobreentiende) en un tiempo que no volverá.  José J. Beauchamp