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SARRAIL ARCHILLA DE LEON

ENTRE EL CUATRO, EL BAJO Y EL CONTRABAJO

1917-1995                Página inicial 

      Semblanza (in memoriam), por José Juan Beauchamp

                                                                                                        Sarraíl, entre el cuatro, el bajo y el contrabajo

Bohemia arecibeña   por J.J. Beauchamp

 

A mediados del segundo lustro de la década iniciada en l910, exactamente en el año de 1917, la Primera Guerra Mundial estaba en lo que podríamos llamar el último tramo.  Eran años  de una agitación sin precedentes, sobre todo por la intensidad y extensión del conflicto.  Era el primer conflicto de guerra que alcanzaba estas dimensiones internacionales.  Puerto Rico se vio obligado a participar activamente en él, pues muchos puertorriqueños fueron reclutados por el ejército norteamericano.  Sin embargo, la vida en muchos campos de Puerto Rico seguía su curso apacible, sólo violentado por la cotidianidad dolorosa de la pobreza y el hambre.  La vida en el Barrio Cibuco, de Corozal,  no era excepción.  Seguía sin interrupción el curso de su cotidianeidad , quizás a ritmo de cuatro, bordonúa, guitarra y güiro.  Pocos eran los medios que hacían posible a un hombre o a una mujer abrirse paso en la realización de sus aspiraciones. Allí, y en ese mismo año de 1917, un 7 de febrero, nació Sarraíl Archilla de León, para quien la vida no fue tan estrecha como lo fue para otros, pero tampoco transcurrió por avenidas anchas.  Por lo que tuvo que llenar por sí mismo el zurrón de una  experiencia cultural y un saber musical con el empirismo de la mano autodidacta.  Hijo de Graciano Archilla, poeta y declamador, maestro y, luego, inspector de maestros de agricultura, y de Tranquilina de León, mujer inteligente y sensible, de genio vivaz y hablar ameno, Sarraíl no nació con signo alguno de grandeza ni tampoco hubo una voz de padre, como en el caso de Eugenio María de Hostos, que dijera:  "Este niño nació para algo".  Cuatro, guitarra, güiro y bordonúa no sonaron anunciando su nacimiento, pero parece que luego le esperaron en los recodos del tiempo.  Sencillamente, su nacimiento fue parte de un acontecer  que trajo luego tres hermanos y hermanas más.  No había estrella en parte alguna, pero sí había un hogar que era una escuela de sensibilidad, necesaria para el desarrollo de un temperamento musical.

Todo el acontecer diario de su vida estuvo marcado por los cambios de residencia que tuvo que hacer su familia, debido al cambio de asignaciones de trabajo del padre.  De ese modo, a los seis años ya Sarraíl se encontraba viviendo en el pueblo de Utuado, donde comenzó su escuela  elemental hasta concluir el sexto grado.  El séptimo y octavo grados los tendrá que cursar en el sector rural conocido como La Sabana, parte del poblado Angeles, de Utuado.  Estos años en Utuado tuvieron mucha significación, pues aquí conoció a dos cuatristas puertorriqueños, don Piní Maldonado y don Confesor Juarbe, que empezaron a darle el signo con el que no había nacido y a trazarle un rumbo seguro de vocación, a quien fue y sigue siendo uno de los más destacados cuatristas puertorriqueños.  Por aquellos días el futuro maestro de las diez cuerdas timbradas en puertorriqueño, compró un cuatro cuyo costo no sobrepasó los $2.00.  Esa primera entrada humilde al mundo musical se afianzó cuando conoció a otro apreciable cuatrista, Prudencio Meléndez, "El Aprendiz".  Eso fue a la edad de 14 años y en Arecibo, donde su padre y toda la familia habían tenido que trasladarse.  Como su padre fue trasladado luego a trabajar en una segunda unidad escolar de Bayamón, lo encontramos otra vez en un nuevo ambiente, con el ancla segura en otro lugar.  Sin embargo, no le perdió la pista al cuatro y tal parece que tampoco el cuatro perdió de vista sus huellas, pues en Bayamón hizo amistad con un conocido cuatrista, Juan Santana, con quien hizo su primera entrada, aunque humilde y hasta casera, podría decirse, al mundo musical del espectáculo.  Allí formó parte de un grupo musical compuesto por Pepito Sevilla, Félix Rodríguez (Corozo) y Sandalio (Kiko) Andino.  De modo, pues, que se vio obligado a sufrir, como le ocurrió a toda la familia, los desajustes y reajustes que todo cambio de residencia y ambiente produce. No obstante, algo permanecía constante, como un destino cuya ruta estaba ya trazada desde la niñez: su encuentro  con el cuatro, encuentro que podía tener algo fortuito, pero también era un destino cincelado por una búsqueda de quien sabía, desde muy temprano, cuál era su signo vocacional.

Había que vivir y tener algo para vivir, una pequeña hacienda, como decía Cervantes, es decir, un oficio, un pequeño negocio, cualquier cosa que uno pudiera hacer honradamente para ganarse el sustento.  Por ello, Sarraíl se hizo chofer público, con ruta entre Bayamón y San Juan.  Era el año de 1935.  En esos menesteres fue que conoció a un señor a quien le tocó llevar, muy de prisa, a San Juan, según cuenta H. Torres Vázquez.  Lo que esta vez podríamos llamar un nuevo encuentro indirecto con el cuatro conducido por la mano del azar, pues el susodicho señor era nada menos que William Córdova Chirino, director de uno de los programas radiales más famosos que hemos tenido: Industrias Nativas, de grata recordación para muchos de nosotros los que ya teníamos el ancla echada en los años cuarentas.  ¿Qué lumbre iluminó a Córdova que con sólo decirle Sarraíl que tocaba el cuatro le invitó a participar en su programa?  Quizás eso que llamamos un golpe de corazón, o sea, una intuición, o quizás un apostemos a ver qué pasa, pero así fue que el cuatro del maestro Archilla empezó a vibrar las ondas radiales.  Le acompañó Juan Santana, a quien Sarraíl invitó, pero éste se separó luego.  Fue entonces que el Maestro Ladí (Ladislao Martínez),  se hizo cargo de la dirección musical del programa y Archi, como le han conocido sus amigos, formó parte del conjunto típico Ladí, siendo su primer cuatrista.

No obstante, su espíritu inquieto le hizo volver a los cambios de lugar y en el 1941 se muda a Nueva York.  Muy significativo el cambio, pues aquí, bajo la dirección de Julio Andino estudia música y se inicia en otros instrumentos que también le acompañaron mucho en su ruta de músico profesional en Puerto Rico, Nueva York y otras partes: el contrabajo clásico y el bajo de base "Fender", según el apunte que hace Torres Vázquez.  No es que abandonara el cuatro, hasta se podría decir simbólicamente que ambos, cuatro y músico, nacieron para vivir juntos, pero es que sus manos musicales eran anchas y sus eras podían dar muchos frutos diversos.  Ahora tiene muy seguro entre sus manos el contrabajo.  En Nueva York forma parte del Quinteto de Celso Vega, del Sexteto de La Playa.  Participa en distintas orquestas.  A partir de 1950, toca, durante quince años,  en la Orquesta de Machito, alternando con Cown Basis.  Viaja por distintos países, con sus manos siempre sobre las cuerdas.  Japón sabe de su presencia musical.   En el 1964, en el Caribe Hilton de La Habana, toca en la Orquesta del gran Miguelito Valdés.  A su regreso a Puerto Rico, tiene un reencuentro  con el cuatro, instrumento que en realidad no había abandonado, pero que mayormente no formaba por aquellos años en Nueva York, su instrumento profesional.  Entonces vuelve a ser el primer cuatrista del conjunto Ladí, grupo al que se han integrado Apolonio Ocasio, con su guitarra, y Félix Castrillón, con su conocida voz.  Tocan en Radio Luz y graban música típica puertorriqueña.  En 1965, toca en la orquesta de Noro Morales, en el Hilton de Puerto Rico y acompaña a otros músicos, incluyendo a José Luis Moneró.  En 1968 forma parte del espectáculo musical Royal de Paris, que bajo la dirección de Barry Aster hacía sus presentaciones en el Hotel Americana.  Entre los años de 1973 a 1980 toca en el Hotel Sheraton, con Gildo Carías, Mario Ortiz y Joe Loco, sucesivamente.  No detiene su vida activa en la música.  Toca, además, con Jimmy Stevens, en los hoteles Hotel Dorado Beach, Cerromar, Holiday Inn y Condado Holiday Inn.  En 1975, se convirtió en el único puertorrique ño que figuró, con su "Fender" en manos, en la orquesta que acompañó al famoso cantante inglés Tom Jones. Como cuatrista, en 1980 graba un disco para el Instituto de Cultura Puertorriqueña.  Desde  1991, le presta casi toda su atención al cuatro y se deja acompañar de su amigo el guitarrista Apolonio Ocasio, sobrino de Ladí, quien ya antes le había acompañado en el famoso conjunto.  De este amigo y compañero dijo Sarraíl, más de una vez:  "Polo es el que mejor me ha acompañado con la guitarra.  Es el único que me entiende". 

En el comienzo de esta década, sin embargo, la enfermedad empezó a robarle el aliento y  a acallar sus inquietas manos por las que hablaba la música con voz de cuatro y contrabajo.  En el l995, vino, avisadamente, la muerte.  Fue como si ella, un poco arrepentida, dijera, con voz e imagen del Medioevo, "basta ya, Maestro, descansa tus manos, que los que aprendieron tu nombre, en la vibración de las diez cuerdas, seguirán tocando tu cuatro, y tu cuatro seguirá tocando para no darle tregua al tiempo de los olvidos."     [EN ESTE PARRAFO FINAL PUEDE  ENTRAR MUSICA DE FONDO DE MODESTO NIEVES TOCANDO EL CUATRO DE SARRAÍL Y AL TERMINAR LA MUSICA SUBE BRILLANTE Y SE QUEDA TOCANDO EL SOLO DE CUATRO HASTA TERMINAR LA COMPOSICION.  ESTO LE DARÍA UN  TONO MUY POETICO Y SIGNIFICATIVO].

José Juan Beauchamp                           

14 de nov. de 1995